Horneando tradición al otro lado del mundo

Sin duda, hay tradiciones y oficios que nunca mueren, así como legados que son eternos, pero el ser panadero y que con tus recetas logres mover hasta las fibras más sensibles de tus clientes son cosas que pocos pueden contar. Es el caso de Clemente Carbajal, un mexicano originario de Guadalajara (Jalisco), que decidió emigrar a España y dejar huella en ambos países con su sencillez, calidad humana y talento para hornear.

El hombre jubilado de 59 años que lleva en la sangre ser comerciante cuenta que el ser panadero nació como un simple ‘hobbie’ o entretenimiento. “Yo tenía una tienda de abarrotes y los domingos no tenía un panadero que me cocinara pan para vender, entonces yo aprendí y vi que había negocio”, detalla Clemente, quien asegura que aprendió viendo vídeos por Internet en la plataforma YouTube.  Para Clemente lo más importante de haberse convertido en panadero es el proceso de aprender, ya que asegura que siempre hay un pan que nunca se ha hecho, un material jamás usado o una técnica diferente que nunca se ha aplicado, y más en un país diferente donde los ingredientes más básicos pueden resultar los más complejos. “No hay panadero que sepa hacer de todo”, puntualiza. Clemente se considera un panadero ‘de los nuevos’ pues solamente cuenta con 7 años de experiencia en el horneado de pan artesanal mexicano, como las típicas conchas de vainilla y chocolate, los puerquitos de piloncillo, los bísquets salados y los deliciosos y clásicos roles de canela glaseados con azúcar glass que son sus favoritos para hornear y para comer.

“Yo como no soy panadero viejo o de muchos años, primero aprendí a hacer el pan que a mí me gusta. El que no me gusta comer ni hacer no lo hago, es algo curioso, por ejemplo, yo no hago donuts —no me gusta el proceso—, pero mi esposa las hace cuando nos piden”, comenta. Agrega que podría estar haciendo roles de canela y conchas todo el día, ya que son sus favoritos y disfruta mucho el proceso.

Las vacaciones sin boletos de vuelta

Como pocos emigrantes, Clemente y su esposa no planearon de manera formal salir del país y empezar una nueva vida al otro lado del continente, simplemente las circunstancias y el destino los llevó a asentarse de manera permanente en Barcelona, España. “Es algo bien curioso, yo no decidí emigrar, yo puse mi panadería en Monterrey (Nuevo León) y nos iba muy bien. Venimos de vacaciones, empecé a hacer pan aquí, comenzó a gustar y a nosotros nos encantó la ciudad”, cuenta Clemente, quien agrega que vendió todo lo que tenía en México y solo dejó una pequeña parte para volver a empezar en caso de que no les gustara España, o por necesidad —para volver y montar de nuevo la panadería ‘Solo 500’—.  Sin duda alguna, Clemente sabe que España lo ha recibido con los brazos abiertos y extraña pocas cosas. El padre de tres hijos varones menciona a sus nietos y de inmediato se le corta la voz, es lo que más añora. “No soy de extrañar mucho, mi esposa y yo estamos acostumbrados a movernos mucho; ya vivimos en Guadalajara, nos mudamos luego a Autlán de Navarro Jalisco, después a Colima y de ahí a Monterrey para después venir a España. Siempre viajo ligero, cuando llegas a un lugar nuevo eres tú y nada más”, explica mientras sostiene el llanto y habla de su familia. 

Metas y retos por cumplir

En el poco tiempo que Clemente y su esposa tienen residiendo de manera legal en España, ya tiene en mente cumplir sueños, le gustaría poner una panadería 100 por ciento mexicana con pan artesanal hecho con sus propias manos y aprender a hornear el pan que los españoles están acostumbrados a comer, y que en México no se comercializa mucho. El tapatío de momento hornea sus recetas en la cocina de su hermana Isabel, quien se dedica a preparar comida típica mexicana y sus clientes fueron los primeros en probar este pan mexicano y casero.

Pero no solo los mexicanos que vivimos en el extranjero añoramos ‘sopear’ una concha en un buen café o un chocolate caliente, expresa. Los españoles han quedado fascinados al probar algo que era completamente desconocido para sus exigentes paladares, indica. “Es algo que no han probado y no tienen ni la más remota idea de lo que es. Siempre que vienen los invitamos a probar, porque un pan mexicano no se puede describir con palabras, tienes que degustarlo. Además, son de lo más variados, tenemos dulces y salados, y ellos están acostumbrados al pan clásico de aquí”, puntualiza Clemente. Curiosamente, los catalanes y los españoles en general prefieren las conchas de vainilla y se han convertido en el pan más vendido en la zona de Hospitalet de Llobregat, un pequeño municipio perteneciente a la ciudad de Barcelona y en donde se encuentra ‘El Sazón de Isabel’, restaurante de su hermana donde se hornea y vende su pan por el momento, aunque la mayoría de sus clientes son mimados por Clemente y en ocasiones les lleva el pan calientito hasta la puerta de su casa, o lo entrega en puntos estratégicos como la Plaza España o Plaza Universidad.

Uno de los principales retos que enfrentó Clemente al intentar hornear pan artesanal con sus recetas tradicionales mexicanas al otro lado del mundo es que tanto la harina como los ingredientes son diferentes en su composición, y lo notaba al momento de su preparación. “Al principio no me salía, o me quedaba muy duro o muy blando, hay muchas cosas diferentes. Los huevos, por ejemplo, son más espesos y la harina tiene más proteínas por lo que necesita más agua y es más difícil trabajar”, apunta. A Clemente le queda claro que, sí un panadero tradicional de México se viene para España no va a poder hacer pan porque está acostumbrado a las recetas tradicionales. “Yo afortunadamente soy relativamente nuevo en esto y tengo la mente abierta para poder hacer muchas cosas, no es tan difícil si tienes la mente abierta”, añade. “Lo primero que hice fue el bísquet, ya que era lo que se podía hacer con los ingredientes que teníamos a la mano. Fueron 4 masas echadas a perder hasta que dimos con el toque. Las conchas por ejemplo me llevaron más de dos semanas para llegar al punto exacto de la masa y la pasta”, cuenta el panadero.

Finaliza diciendo que ninguna receta está escrita en piedra y él lo ha comprobado en el poco tiempo que lleva haciendo pan para españoles y mexicanos. Afortunadamente, todas las modificaciones que ha hecho le han salido muy bien y han gustado muchísimo.

La satisfacción de migrar y hacer llorar a algunos clientes

A diferencia de muchos mexicanos emigrantes que enfrentan el duelo migratorio o síndrome de Ulises como también se le conoce, para Clemente el sentimiento de pertenencia ha sido sencillo, tiene todo lo que necesita para ser feliz a pesar de extrañar a sus nietos. “Barcelona nos recibió muy bien y todo se nos ha dado gracias a Dios, no hemos batallado nada y gracias a una amiga de mi hermana contábamos con un piso donde llegar a vivir. Por supuesto, la comida tampoco la extrañamos gracias a mi hermana. Para mí el proceso migratorio hasta la fecha es sentir como que seguimos de vacaciones”, agradece.

Agrega que para un hombre jubilado y pensionado desde hace 7 años emigrar puede resultar una tarea fácil, ya que no existe un vínculo fuerte que lo una con su tierra natal, desde sus propias palabras el negocio del pan va creciendo poco a poco, en su tiempo libre pasea por la ciudad y va conociéndola; se divierte en sus ratos libres y va probando la comida española para sentir que sus vacaciones continúan siendo permanentes.  Clemente cuenta con orgullo que en el poco tiempo que ha tenido el oficio de panadero en España este le ha dejado grandes satisfacciones. Relata el caso particular de una clienta que supo de él a través de Facebook y le ordenó un par de conchas de chocolate y de vainilla, estando en la charla al momento de entregarle su pedido supo que venía de Monterrey y le pidió que horneara un pan típico de allá conocido como ‘manitas’. “Es un pan muy específico de Monterrey y ante su insistencia hicimos lo que pudimos con el material existente y le gustó tanto que ahora nos pide cada semana, su reacción fue llorar al probarlas”, asegura. En otra ocasión, una clienta habitual de Valencia llegó a recoger su pedido con su hija y cuando probó por primera vez las cochas dijo que sabían a la casa de su abuela. Sin duda, ese tipo de experiencias son las que han motivado a Clemente a seguir haciendo pan con sus propias manos para esos mexicanos que están fuera de su tierra y extrañan ese calor y ese sabor particular de las panaderías mexicanas.

Finalmente, Clemente envía un mensaje a sus connacionales que por algún motivo están planeando emigrar. Su experiencia, dice, le hace saber y entender que migrar por necesidad es duro por lo que recomienda no hacerlo y buscar una solución en su lugar de origen antes de tomar una decisión tan difícil. “Es muy diferente a cuando sales del país por necesidad, la necesidad te ahoga. Si quieres cumplir un sueño primero intenta en tu país y no lo hagas obligado por la necesidad o las circunstancias. Al final vives una vida miserable por estar viviendo aquí queriendo estar allá”, finaliza.

Publicado por Héctor Saavedra

Periodista independiente. Especializado en seguridad, narcotráfico, migración, victimas y corrupción.

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